martes, 22 de mayo de 2012

Kavafis y Tu Fu: sobre la condición humana



El dios abandona a Marco Antonio
                               C.P. Kavafis 


Si oyes de pronto, a medianoche,
el séquito fantasma que pasa
con música exquisita, con voces,
no sufras pena alguna por el infortunio
—los esfuerzos fallidos, los planes que al final
te traicionaron— , es inútil que lo sufras.
Como el que de antemano se prepara, llevado por la valentía,
dile adiós a ella, a la Alejandría que se marcha.
Ante todo, no te engañes, no digas que es un sueño,
o que te mienten tus sentidos;
no te rebajes a esperanzas vanas como ésas.
Como el que de antemano se prepara, llevado por la valentía,
como se espera de ti, a quien fue otorgada esta ciudad,
ve con firmeza a la ventana
y escucha con sentimiento de entrega,
y no con el lamento quejumbroso de un cobarde;
escucha —el deleitable final tuyo— las voces,
la música exquisita de esa rendición divina,
y dile adiós a ella, a la Alejandría que pierdes.


                    (versión  de León Leiva Gallardo)






El palacio de la flor de jade
                         Tu Fu


El río en torbellinos. El viento gime en los pinares.
Por las baldosas rajadas se pasean grises los roedores.
¿Qué Príncipe de antaño construyó este palacio
que hoy se erige en ruinas por el acantilado?
Hay verdes fogatas fantasmas en los cuartos ennegrecidos,
el concreto hecho añicos aún se desgasta,
diez mil caños de un órgano suenan y retumban.
Ahora la tormenta revuelve las hojas ocres del otoño.
Las jóvenes bailarinas son de polvo amarillento,
sus mejillas se desquebrajan en la nada.
Los carruajes de oro y los cortesanos se han ido;
solamente un caballo de piedra hace alarde de la gloria.
Yo, sentado en la grama, le he dado comienzo a un poema,
pero la pesadumbre de todo esto me consume.
El futuro desvanece también imperceptible.
¿Qué ha de ser de nosotros con el devenir de los años?


                             (versión de León Leiva Gallardo)

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