jueves, 26 de marzo de 2015

Tríptico de León Leiva Gallardo: tres lustros de poesía

Humano, demasiado humano, León Leiva Gallardo cuestiona, se cuestiona y tensa un hilo finísimo sobre el cual se balancean en asombroso equilibrio la luz, la oscuridad y el constante trastorno de una existencia de paradojas y conflictos. En Tríptico: Tres lustros de poesía (MediaIsla Editores, 2015), todo ocurre y acontece en avalancha, de frente; las palabras nos desarman, laceran y zahieren, todo a la vez, como en la feria o en el último deseo. Aquí desfilan culpas, dudas, miedos, melancolías y, por supuesto, los infiernos. En fin, está el poeta en final entrega, ese hombre que puede morir mil veces sin haber nacido. Ardua y sustancial tarea realizar un escrutinio de las confluencias y afluencias de este libro que ha sido tramado entre instintos de vida, muerte y deseo. En las páginas de las tres obras que lo componen las palabras dicen más de lo que normalmente expresan las palabras.
                                                  René Rodríguez Soriano




 
(Foto: (c) Luis F. Soto)


León Leiva Gallardo (Amapala, Honduras, 1962) Estudió psicología y letras en la Universidad de Northeastern Illinois. Autor de las novelas Guadalajara de noche (Tusquets Editores, 2006), La casa del cementerio (Tusquets Editores, 2008), A la imagen del hombre (inédita) y el poemario Palabras al acecho en la coedición Desarraigos: Cuatro poetas latinoamericanos en Chicago (Vocesueltas, 2008). Su obra, además de haber sido presentada en revistas literarias también ha sido publicada en antologías, entre cuales En el ojo del viento (John Barry, 2004) y Astillas de luz/Shards of Light (Tía Chucha Press, 2000).

domingo, 18 de enero de 2015

Escultura e Historia: Mario Zamora, escultor de Morazán



Monumento al General Francisco Morazán/ Jardín de las Américas, Nueva Orleans 






















Por primera vez aprecio una fotografía de calidad de la estatua/escultura de Francisco Morazán (prócer centroamericano nacido en Tegucigalpa, Honduras) en el Garden of the Americas de Nueva Orleans, donde lo acompañan nada menos que otros dos grandes: Simón Bolívar y Benito Juárez. Le he dado seguimiento a la iconografía de Morazán desde que leí Morazán en bronce del historiador Rafael Leiva Vivas, quien dado su meticulosa indagación nos recuerda cómo este paladín (desconocido en otras regiones) aún nos vigila desde Norteamérica (recientemente un busto en la Plaza Centroamericana Francisco Morazán en Los Ángeles, California) hasta Santiago de Chile*.



Obviamente dado el estilo sin ornamentos y la mano magistral del escultor monumental Mario Zamora Alcántara, esta es sin duda una de las mejores representaciones del héroe. El Monumento al General Francisco Morazán en el Jardín de las Américas fue develado el 21 de octubre de 1966, obsequio de Honduras y El Salvador a la ciudad de Nueva Orleans por haber sido, por tiempos, el puerto a las Américas. La obra en bronce es del distinguido escultor hondureño Mario Zamora Alcántara (Tegucigalpa, 1920) cuya obra es reconocida internacionalmente. Maestro de la escultura monumental y la escultura pública (figurativa), Zamora Alcántara es el creador del coloso Cristo del Picacho en Tegucigalpa. 

El magisterio de Mario Zamora en la escultura monumental lo llevó a tener discípulos de renombre, como Ángela Gurria, una de las primeras escultoras reconocidas por la sociedad conservadora de México de antaño, ahora una de las más prestigiosas, y quien hace dos años recibió el Premio Nacional de Ciencias Artes 2013 en el rubro de Bellas Artes. 

   Mario Zamora Alcántara 

 En México, las contribuciones mas destacadas de Mario Zamora Alcántara son el monumento a los Niños Héroes en San Miguel de Allende, y obras dedicadas a Netzahualcóyotl, Benito Juárez,  Amado Nervo y Adolfo López Mateos, entre otras.







Esta breve nota sobre el arte y la historia también apunta a dar a conocer a los artistas “invisibles”, los maestros de las esculturas monumentales.



(*La estatua de Morazán en la Avenida del Libertador Bernardo O’Higgins en Santiago de Chile es también de Mario Zamora Alcántara).


                                                                                                León Leiva Gallardo




domingo, 26 de octubre de 2014

San Antonio Heatstroke



Lines for those who agree that summer in San Antonio, Texas, is the most inclement of all seasons/Unas líneas para aquellos que saben que el verano en San Antonio, Texas, es la estación más inclemente.

                                                                                       Fotografía: "Texas Oak" de Dan Williamson


San Antonio Heatstroke
              Summer's almost gone,
                      almost gone,

                      yeah, it's almost gone...
                             
The Doors



Waiting for the rain

in San Antonio

searching for a cloud



faring through the streets

in San Antonio

hiding from the sun



looking at the trees

in San Antonio

summer's never gone



staring at the leaves

in San Antonio

resting in the shade



treading sun-dried days

in San Antonio

tracking my own steps



going back in time

in San Antonio

lost on my way home



talking to myself

in San Antonio

waiting for the fall

           León Leiva Gallardo







viernes, 24 de octubre de 2014

Borges y Nadie

Estos versos parecen decir lo que todo poeta, sabiéndolo o no, tiene como fin. Por otra parte, curiosa alusión a Nadie (el nombre adoptado por Ulises para engañar al cíclope Polifemo, en la Odisea) de parte de Borges quien finalmente quedó ciego. 

Formidable manera de rechazar el heroísmo. y acepatar la nadería existencial: Yo, Borges, el Otro, Nadie.

 






"Pido a mis dioses o a la suma del tiempo
  que mis días merezcan el olvido,
  que mi nombre sea Nadie como el de Ulises,
  pero que algún verso perdure
  en la noche propicia a la memoria
  o en las mañanas de los hombres."
    

                                Jorge Luis Borges
           (fragmento de "A un poeta sajón")




                                                                                                                                                       [Entrada de León Leiva Gallardo]

domingo, 2 de marzo de 2014

El ojo clínico de Kubrick


                                                                                                                                       











































Esta genial caricatura del hondureño Allan McDonald me hace recordar cómo las artes están en constante correspondencia. Vale decir que la sensacional “naranja” en la que suele encasillarse a Kubrick (y con mucha razón) es solamente un ejemplar creativo de un director —de ojo clínico— que logró ubicarse y luego consagrarse por el valor connotativo de la fotografía. La primera impresión de La naranja mecánica puede ser alucinante, y a medida que avanzamos nos preguntamos ¿a qué hora termina este “trip”?, pero nunca cesa, ni siquiera cuando llegamos al fin de la película. El mecanismo continúa haciendo conciencia en nosotros como si estuviéramos a la fuerza sometidos a las imágenes. Este es el efecto visual que, como el sonido en la música, suscita en nosotros la sublimación.

            Curiosamente, una de las escenas que más impacta en La naranja mecánica es sin duda el tratamiento clínico ocular de Alex DeLarge (la asociación con el Perro andaluz de Buñuel es inmediata), pero obviamente Kubrick no pretendía un efecto surrealista sino todo lo contrario, el realismo hasta el extremo (las córneas de McDowell sufrieron más que el mimetismo en esta escena) y como sabemos, como algo vivencial, a nosotros los espectadores el realismo límite nos puede sacar del quicio de la normalidad. La córnea, la lente, el lente de Kubrick en La naranja mecánica es también clínico y reduccionista: una visión hiperreal de la degradación humana resultado del condicionamiento social.

             Alex DeLarge (Andy McDowell)
La naranja mecánica se ha vuelto un fenómeno de culto internacional. De manera que hallamos otro tipo de conductismo en el arte mismo, especialmente con respecto a este film, tan controversial en su tiempo cuando fue censurado por presuntamente conducir a los jóvenes a la violencia. La verdad por supuesto es que los veedores del Estado se sintieron incómodos con la flagrante crítica social de Kubrick, quien desde sus primeros años mostró desafecto para con todo tipo de autoridad estatal.

Mas la censura que inicialmente recibió La Naranja mecánica no fue nada en comparación con la persecución y represión de los escritores de Espartaco (1960), el film que habría de hacer muy famoso a Kubrick. Tanto Howard Fast, el autor de la novela y Dalton Trumbo, el guionista de la película, estaban en la “lista negra de Hollywood”, hecho que había sido acto decisivo del Comité de Actividades Antiestadounidenses (The House Un-American Activities Committee) contra aquellos escritores y artistas que fueran simpatizantes comunistas o socialistas y cuyo resultado fue una verdadera cacería de brujas en la que perecieron cerca de trecientas personas del gremio. Kirk Douglas se solidarizó con los perseguidos en general y cruzó límites al emplearlos. Una vez iniciado el rodaje, estaba muy en acuerdo con Howard y Trumbo, pero por razones otras en gran desacuerdo con Anthony Mann, el director asignado por el estudio. Fue así que pensó en el joven Kubrick con quien ya había trabajado.

       Dalton Trumbo
Sucede que en 1957, Stanley Kubrick, llevado por su carácter rebelde, había procurado la dirección de Senderos de Gloria (un film anti guerras), con Kirk Douglas como protagonista. Con esta película se ganó la admiración de los críticos y del mismo Douglas, el actor más importante de Hollywood en esos tiempos. Pese a su temprana edad, Kubrick ahora figuraba entre los directores de la “Academia".

Continuaba la correspondencia entre las artes y también la vida. Kirk Douglas, productor de Espartaco, protagoniza el papel del esclavo tracio revolucionario y escoge a Kubrick luego de despedir a Anthony Mann. Quería un director con más iniciativa. Y al joven Kubrick le sobraba, pero un tipo de iniciativa crítica que ahora sólo puede compararse a la de Oliver Stone.

En alguna ocasión Kirk Douglas, que es de origen judío, afirmó que siempre había creído que la lista de los 10 de Hollywood había sido en parte por cuestiones antisemíticas (seis de los 10 eran judíos). Por eso fue que tomó la empresa de sacar a Dalton Trumbo de la ignominia e inscribió su verdadero nombre en los créditos de la película. Trumbo había estado escribiendo bajo pseudónimos por mucho tiempo y el acto solidario de Kirk Douglas no sólo le ayudó a él sino también a dar fin a las listas negras. Fue así que en la producción de una de las películas más caras de Hollywood se reúnen tres genios que tenían posturas críticas contra la sociedad americana entonces reprimida por el Macartismo. Un dudoso percance llevó a Kubrick a dirigir un film con un tema revolucionario, el encarcelamiento y la censura llevó a Trumbo a escribir el guión y el antisemitismo conmovió a Kirk Douglas a culminar tan grande empresa. Bajo los efectos grandiosos, los desmesurados sets, los miles de extras (8,000  activos reclutas españoles, haciendo el papel de soldados romanos), un elenco de primera en la que figuran los más caros y finos, entre ellos Sir Lawrence Olivier, Kirk Douglas logra infiltrar Hollywood con un película cuyo héroe era emblema de Marx y Lenin. Con todo esto, Kubrick siempre afirmó que si le hubiesen dado control completo, habría realizado una obra más incisiva y menos idealista. Nunca jamás, luego de Espartaco, Kubrick dirigió otra película sin tener control completo de la producción, desde la cámara hasta el guión.

               Stanley Kubric
No obstante lo anterior, es con Espartaco que comenzamos a ver el fenómeno visual de Kubrick y es en las tomas panorámicas de poca acción en las que podemos apreciar la luz, los colores y la visión poética. Fue su primer film a color y el final de su periodo formativo. Será con Dr. Strangelove (1964) que veremos los indicios del sarcasmo, del cinismo, que culmina con La naranja mecánica.


Mucho da que decir el ver la caricatura de Kubrick sentado sobre una naranja, consagrado en el fruto de su gran obra. También pienso en la censura y represión que han sufrido tantos artistas y especialmente, por afinidad nacional, pienso en Allan McDonald quien durante el golpe de Estado de 2009 en Honduras y por meses a seguir sufrió la intolerancia, pienso en su lápiz y utensilios de caricaturista, su cámara y su lente, y también pienso en las correspondencias que se desatan entre los creadores de arte.

                                                  León Leiva Gallardo

martes, 21 de enero de 2014

Piratas y Autodefensas

Acabo de ver Stolen Seas (dirigida por Thymaya Payne, 2012), un documental que explora el surgimiento de los “piratas” de Somalia y la impotencia de las grandes potencias por no poder, o no querer, darle fin al fenómeno de una vez por todas. De inmediato pensé en el narcotráfico en México y Centroamérica. Al explorar la aparente complejidad de las relaciones de poder entre estos grupos delictivos y los grandes capitalistas se llega a una conclusión muy simple: el sistema capitalista le saca provecho y les ayuda a que sus crímenes de collar blanco pasen desapercibidos, además porque son uña y carne. 


El crimen organizado no rinde tributo al Estado y su modus operandi es similar al de las corporaciones que hacen hasta lo imposible por evadir impuestos. Ambos acuden al terrorismo para ver por sus intereses, el crimen organizado con sus sicarios sanguinarios y las grandes potencias con los bombardeos desalmados. 

Ergo: la gran preocupación con los grupos de autodefensa en Michoacán se debe a que han venido a interrumpir las ya de facto establecidas relaciones de poder entre el crimen organizado y los políticos y empresarios corruptos. (Favor disculpen si reitero algo que para muchos es obvio, pero de vez en cuando hay que recordárselo a uno mismo y a uno que otro ciudadano despistado.)

                                                                           León Leiva Gallardo

lunes, 20 de enero de 2014

Humanidades: Ícaro, Brueghel, W.H. Auden y William Carlos Williams


















                           "Paisaje con caída de Ícaro" de Brueghel                                                                                                                                                                                                         
Fue en el otoño del 2001 cuando viajé a Bélgica con mi querido amigo bogotano, el doctor Humberto Uribe, que al fin aprecié en vivo la famosa pintura de Brueghel.  Entre paseos a varias partes (a Waterloo donde cayó Napoleón y a Brujas, la formidable “Venecia del Norte”, donde bogamos bastante “mareados” por los canales que son como sus avenidas) pasamos más tiempo en Bruselas y, como siempre, visitamos los museos.

Sorpresa mía fue hallar en el Museo de Bellas Artes, uno de los Museos Reales de Bélgica, una de las pinturas más conocidas y aludidas de Brueghel, tema de poemas también famosos de W.H. Auden y William Carlos Williams. Se trata de “Paisaje con la caída de Ícaro”, atribuida a Pieter Brueghel el Viejo y la que ahora se cree que no es de su ejecución. En todo caso, una obra renacentista que hace en sí alusión al mito clásico de Ícaro.


                   W.H. Auden


Siempre durante mis años de estudiante de Letras había visto la reproducción en libros de arte y después en el Internet, pero como saben no es lo mismo como verla vibrante en el lienzo vivo en el salón de un museo. En dos ocasiones tuve el deber de escribir un breve análisis con el tema de Ícaro y del poema de Auden. Primero, como en 1981, cuando estudiaba para un Associate’s Degree en Wright College, en un examen para la clase de Humanidades donde nos pedían que explicáramos la pintura de Brueghel. Y la segunda vez en un examen de literatura norteamericana, ya cuando estaba por terminar mi segunda licenciatura en la Universidad de Northeastern, en el verano de 1987, en el que nos pedían escribir un ensayo y comparar el poema “Musee des Beaux Arts” de Auden con la pintura de Brueghel y con el mito de Ícaro y Dédalo. Mucho más difícil escribir el ensayo por supuesto, pero gracias a la humilde clase de Humanidades en Wright College, ya había adquirido los conocimientos, aunque básicos, par un análisis literario. Puedo agregar que fue en esa clase de Humanidades donde yo me hice de la idea de seguir el camino de las artes, antes sólo había sido una inquietud. Sin embargo, una vez en la universidad, no comencé a estudiar Letras sino que Psicología y finalmente me recibí con doble licenciatura.

Quisiera recobrar el entusiasmo que tenía a los 20 años y a veces lo recupero, pues ayer mientras navegaba en el interéter me encontré de nuevo con la pintura de Brueghel, pero esta vez junto con el poema de William Carlos Williams que lleva el mismo título “Paisaje con la caída de Ícaro”. Por nostalgia a mi clase de Humanidades me dediqué a comparar a Williams y a Auden, y terminé traduciendo los poemas porque no me convencieron mucho las traducciones que hallé por ahí. A continuación reproduzco los originales seguidos por las traducciones al español.


Musee des Beaux Arts
W. H. Auden

About suffering they were never wrong,
The old Masters: how well they understood
Its human position: how it takes place
While someone else is eating or opening a window or just walking dully along;
How, when the aged are reverently, passionately waiting
For the miraculous birth, there always must be
Children who did not specially want it to happen, skating
On a pond at the edge of the wood:
They never forgot
That even the dreadful martyrdom must run its course
Anyhow in a corner, some untidy spot
Where the dogs go on with their doggy life and the torturer's horse
Scratches its innocent behind on a tree.

In Breughel's Icarus, for instance: how everything turns away
Quite leisurely from the disaster; the ploughman may
Have heard the splash, the forsaken cry,
But for him it was not an important failure; the sun shone
As it had to on the white legs disappearing into the green
Water, and the expensive delicate ship that must have seen
Something amazing, a boy falling out of the sky,
Had somewhere to get to and sailed calmly on.


Musee des Beaux Arts
            W.H. Auden

Con respecto al sufrimiento nunca se equivocaron
los Antiguos Maestros: qué bien comprendieron
su lugar en la vida humana: de cómo sucede
mientras alguien come o abre una ventana o camina distraído;
De cómo cuando los ancianos aguardan animados con devoción
un milagroso nacimiento, siempre hay niños a quienes
les tiene sin cuidado si sucede
porque patinan sobre el hielo de la laguna cerca al bosque.

Nunca olvidaron
que hasta la desgracia más temida debe seguir su curso,
de algún modo en una esquina, en algún lugar no muy limpio
donde los perros siguen su vida de perros y el caballo del torturador
inocentemente se restriega el trasero contra un árbol.

En el Ícaro de Breughel, por ejemplo: cómo todos dan la espalda
indiferentes a la tragedia; el labrador pudo haber
escuchado el chapoteo en el mar, el grito de desesperación,
pero para él no fue fracaso alguno; el sol brillaba
como tenía que brillar en las pálidas piernas que desparecían en el verdor
de las aguas, la suntuosa y delicada nave
que debió haber presenciado algo maravilloso, un joven cayendo del cielo,
tenía que llegar a algún lugar, y alzó velas tranquilamente.

(Traducción de León Leiva Gallardo)



                                                                                                                     Williams Carlos Williams

Landscape with the Fall of Icarus
William Carlos Williams    

According to Brueghel
when Icarus fell
it was spring

a farmer was ploughing
his field
the whole pageantry

of the year was
awake tingling
near

the edge of the sea
concerned
with itself

sweating in the sun
that melted
the wings' wax

unsignificantly
off the coast
there was

a splash quite unnoticed
this was
Icarus drowning
                                               


Paisaje con la caída de Ícaro
            William Carlos Williams

Según Brueghel
cuando Ícaro cayó
era primavera

un agricultor araba
su tierra
todo el cortejo

del año lucía
despierto vibrante
cerca

de la costa
ocupado
en sus asuntos

sudando bajo el sol
que derritió
las alas de cera

sin notarse mucho
en el mar
hubo

un chapoteo insignificante
era
Ícaro ahogándose

(Traducción de León Leiva Gallardo)


Para ser breve y dar el mérito a Williams también por su brevedad, creo que su poema corresponde más efectivamente al comentario humano de Brueghel: hay algo de eternidad en lo efímero, algo tan significativo en lo insignificante, y Williams logra ambos con la inmediatez de sus versos truncados, como en su famoso wheelbarrow. Increíble la diferencia de estilo entre poetas y a la vez la afinidad por un mismo tema. No sólo aluden a la ambición humana del mito de Ícaro, sino también a la deshumanización que se avecina con el devenir de la posmodernidad.


     Un verso del poema "The Red Wheelbarrow"
         de William Carlos Williams

Hasta la fecha agradezco el entusiasmo de mi profesora de Humanidades, quien nos exigía escuchar y analizar música clásica, apreciar pinturas y esculturas, leer ensayos filosóficos y piezas breves de la literatura universal. Su clase fue mi modesta incursión al humanismo. Irónicamente quizá también por ella me he puesto las alas de cera.

León Leiva Gallardo


El pordiosero y el dios (cuento de León Leiva Gallardo)

  ¿Qué buscan los viajeros del mundo? Acaso son dioses venidos a menos, convertidos, disfrazados de príncipes o de pordioseros? Se dice que,...