lunes, 13 de mayo de 2013

Literatura y economía de la subsistencia

Una ocurrencia en este día de pesadumbres. Sabido es que la mayoría de escritores hondureños practica lo que se me antoja llamar una literatura de subsistencia, es decir la que se realiza, se publica y se consume en el país. Sabemos que es harto difícil sobrevivir con estos medios y, sin embargo, se sigue escribiendo, publicando y leyendo. Como analogía, los economistas (los progresistas) siempre nos recuerdan que Honduras tiene suficientes recursos naturales y humanos para alimentar bien la población e incluso para comerciar los excedentes. Con nuestros recursos, que no son pocos, podríamos alimentarnos, construir nuestras viviendas, educarnos, entretenernos y gozar de una vida digna. Pero para lograrlo tendríamos que hacer el gran sacrificio de no pretender los hábitos de consumo de los países desarrollados; reitero, para lograrlo tendríamos que dejar de consumir sueños ajenos, es decir, no pretender ser capitalistas, porque nunca lo seremos.

Este día quiero procurar el sueño de una literatura de subsistencia y la utopía de una economía de subsistencia. Sé que la primera ya es una realidad, y dura porque apenas es sostenible con los grados de subdesarrollo educativo que nos imponen los mismos maquinadores que nunca van a permitirnos construir  la economía de subsistencia. Me explico: si los escritores y los economistas de la subsistencia nos uniéramos para construir un “charter city”, como lo pretendieron hacer los especuladores capitalistas, nuestra propuesta no terminaría en un foro de diputados sino que en los pabellones de las penitenciarias o en las fosas comunes.

De manera que lo único que nos queda es la literatura de la subsistencia. Ahora comprendamos que solo contamos con los siguientes valores*: un cuarto del pueblo es analfabeta (obviamente no lee), otro cuarto compuesto por alfabetizados funcionales (apenas leen cuestiones de orden práctico), otro cuarto es de personas con educación y cultura muy limitada (leen libros de superación y panfletos religiosos) y el último cuarto dividido entre lectores de literatura propiamente y los que leen otro tipo de libros (historia, ensayos, ciencias naturales o sociales, artes y libros especializados). 

En otras palabras, ¿será que ni siquiera la literatura de subsistencia puede ser una realidad en nuestro país? Por favor corríjanme si me equivoco.

                                                                    León Leiva Gallardo


(* Estas son valoraciones del autor. Según la UNESCO (http://stats.uis.unesco.org) en Honduras cerca de un 15% de la población mayor de 15 años es analfabeta. Ver: http://hdrstats.undp.org/en/indicators/101406.html)

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