domingo, 29 de mayo de 2011

Roberto Sosa

Amaneció herida la palabra esta mañana
                                        a Roberto Sosa
                                  (en el día de su muerte)

I

Amaneció herida la palabra esta mañana.

Me levanto y siento la frase puntiaguda,

como costilla rota que perfora mi costado.

Acaso quede lisiado y sin voz de por vida.



Una metáfora ciega reza por mi estancia.

Miro por la ventana y el cielo es todo símil.

Miro por el espejo y el ser es verso absurdo.

Una ave oscura se ha anidado en mi poesía.



He quedado sin habla, compañeros, sin habla.

Me han llamado para que anule toda postura.

No es hiato ni plagio; este sino es golpe raso.

Madrugó la mano blanca a amordazarme.



Se ha muerto el Poeta y mis coplas se caen

al piso como las alas de un pájaro herido.

Mi casa se cunde de meandros de ausencia:

de él aprendí lo poco que sé del buen decir.



II

Mis ojos arden este día porque un galeno de sal

ha pasado por mi puerto a constatar su partida.

De nuevo el buque de la medianoche ha gemido,

de nuevo su quilla se alza como una inmensa V.



Pero a lo lejos escucho las voces en el puerto,

aloé, aloé, aloé, son los remeros del Sur

que lo llevan, a lo lejos, a la puesta del sol,

aloé, aloé, aloé, seguirá versando el Poeta.



Bogará sin parar también, sin duda en busca

de su pueblo; nunca dejará de laborar y nunca

dejará de ver por el cansancio del campesino,

por nosotros que somos sus pobres todavía.



Aquí desde mi sitio voy a invocar su palabra:

escucharé su voz venir con el retorno del río,

procuraré que el agua clara de sus remansos

vuelva a darle aliento a mis horas hoy rendidas.

                                                             León Leiva Gallardo
                                                             23 de mayo del 2011

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