sábado, 26 de enero de 2013

Microrelato: Una manada de chihuahuas salvajes

Esto lo voy a tener que contar en dos habladurías:


Una manada de chihuahuas salvajes


La otra noche me perdí por completo en las faldas de las afueras de San Antonio, y casi fui devorado por una manada de chihuahuas salvajes, perritas todas, buscando alimento para sus crías. Por más que corrí, una de ellas me mordió el talón de Aquiles; luego llegaron más y más hasta que me devoraron la ropa, mi hombría, mi civilización... Cuando desperté de aquel asalto, entre lagañas logré ver que ya era de día, pero entonces sí me di por vencido, porque un pandemonio de zanates urajeaban excitados, revoloteando, esperando a que yo me muriera.
 
 

A Pack of Wild Chihuahuas


The other night I got totally lost in the mini outskirts of San Antonio, and I got attacked by a pack of wild Chihuahuas, all of them little bitches, looking for means to feed their offspring. No matter how fast I ran, one of them bit my Achilles’ heel, and then more and more followed until they devoured my clothes, my manhood, my civilization... When I woke up from the onslaught, I realized, through a thick crust of eye gunk, that it was already day time. I totally gave up then, for a pandemonium of whistling grackles fluttered around, excited, waiting for me to die.

 

(© León Leiva Gallardo)

El salto a la normalidad

 

Un día de estos voy a dar el salto a la normalidad:

 

Voy a dejar de pensar que la tierra es de todos

y que aquellos que piensen lo contrario deben morir.

Voy a dejar de creer que todos somos iguales y

voy a gritar que el rico vale más que el pobre.

 

Quiero ser un hombre normal… no ser un afeminado:

voy a decir que el hombre es superior a la mujer,

que mi mujer es bíblica, que vale menos que una mula,

y que el único modo de amar es por el matrimonio.

 

Voy a ser un hombre verdaderamente normal….

voy a dejar de ser un irresponsable, un mal padre,

y voy a forzar a mis hijos a que vayan a la guerra

y a mis hijas a que se exhiban en desfiles de belleza.

 

Voy a ser normal y dejar de beber y fumar marihuana,

de ahora en adelante voy a recetarme antidepresivos

prescritos por los mejores pushers de los hospitales.

Voy a dejar la coca y voy a ingerir pastillas de dieta.

 

Un día de estos voy a dar el salto a la normalidad.

Voy a dejar de adorar la tierra, el aire, el fuego y

voy a comenzar a pagarle a los curas y pastores

para que me enseñen el verdadero camino a saber:

que un Dios rubio y de barba larga, con rayos y centellas,

me va castigar con los incendios del infierno eterno.

 

Voy a ser normal de una vez por todas y tener amigos

y amigas que se codeen con los políticos y militares.

Voy a dejar de ser un enfermo mental, un alienado,

y dejaré de decir que mi país es para los trabajadores.

 

Finalmente, voy a dejar de leer, de escribir, de pensar,

porque son esas cosas las que causan la anormalidad.

 
                                             LLG
 

lunes, 22 de octubre de 2012

Juan Ramón Molina: En el golfo de Fonseca


En el golfo de Fonseca
                   Juan Ramón Molina


Esa mañana había sido espléndida. Corría una brisa fresca y suave, impregnada ligeramente de yodo y salitre. Las aguas del mar tenían un color plomizo, e innumerables olillas se levantaban apenas, parecidas a las que se elevan en la superficie de un estanque, al caer las primeras gotas de una lluvia. A veces se reunían esas pequeñas olas, se hinchaban, parecían próximas a estallar; pero se sumergían luego debajo de las otras como si fueran uno de tantos monstruos cuyo dorso sobresale a intervalos en las ondulaciones de las aguas del mar. El cielo tenía un color lechoso, un color de ópalo, suavemente bañado de rosa.

En el oriente empezaba a ascender el sol; pero era un sol pálido, como visto a través de un vidrio opaco. Grandes resplandores partían de aquel foco luminoso, entre los que flotaban mil nubecillas ligeras, nacaradas, solas, impalpables, semejantes a copos de espuma o alas de ángel. Poco a poco una luz más intensa, más brillante fue disolviendo el rosado del cielo, y el sol, un sol magnífico, un sol de fuego, un sol de púrpura, aparecía en el espacio, que se transformó en bruñida bóveda de plata, en convexo espejo resplandeciente. El mar se tiñó de tonos azulados, y nuestra balandra, llevada antes a grandes golpes de remo, hinchó su vela latina y se deslizó como un gran cisne. En la popa, un marinero atezado fumaba tranquilamente, recibiendo los rayos del sol en el rostro.

Un delfín, oscuro y enorme, aparecía a proa, meciéndose con voluptuosidad. Luego otro. Después más, hasta formar un grupo que se sumergía de súbito, saliendo después a la superficie y alejándose con lentitud en el vaivén de las ondas. La balandra, después de ganar una punta, entró en los esteros, llenos de una agua tranquila, sin brillo, casi transparente. El viento, que antes aleteaba en la lona, plegó dulcemente las alas. Los remeros, inclinándose para adelante y para atrás, a un mismo tiempo, como movidos por un resorte, batían el agua, que se desgarraba, formaba pliegues rápidos, vórtices y borbollones de espuma efímera. Aquello tenía cierta armonía, estaba sujeto a un compás, era una extraña música que corría sordamente sobre las amargas aguas tranquilas. Dos pelícanos volaron sobre nuestras cabezas lanzando dos gritos roncos, que sonaron aislados, huecos, ásperos, quedando como suspendidos en la atmósfera seca.

Uno de ellos se precipiten el agua, produjo una explosión de gotas al chocar con ella, y voló de nuevo, llevando en el pico un pez, que brilló a la luz del sol como una ascua de oro. La balandra pasaba lentamente entre islotes poblados de manglares verdes, de un verde subido, lustroso, invariable. Al pie de los troncos se entrelazaba un bosque de raíces, de lianas, de restos vegetales, confundiéndose, amalgamándose y pudriéndose, para formar, con el eterno contacto del agua, un detritus negruzco y espeso, que se modifica en el verano, dando así asilo a las alimañas salvajes. Una bandada de palomas marinas pasó a lo lejos, cortando el horizonte.

En el fondo de aquella vegetación mórbida, en marcos de verdura, veíanse algunas garzas de color de nieve, estiradas, inmobles, como petrificadas sobre las ramas. En la copa de los manglares chillaban los loros, cantaban pájaros desconocidos, formando un concierto inarmónico, extraño, indefinible.

Presentíase que entre aquellas hojas, entre aquellos troncos, entre aquellas raíces; presentíase que sobre aquellas aguas, sobre aquel limo, sobre aquellas plantas, se agitaba una vida superabundante, magnífica y primitiva; una vida que hacía surgir de las aguas el sedimento, y del sedimento las raíces profundas, y de las raíces los manglares, y de los manglares las moscas zumbadoras de los trópicos, los insectos venenosos, armados de taladros invisibles, de sierras diminutas; y me pareció, por un momento, que aquel paisaje era de otros tiempos, de otras épocas lejanas, apenas sospechadas por los geólogos; y vi, en la imaginación, las primeras capas terrestres, los grandes helechos trémulos, los bosque de coníferas, poblados de cigarras y de grillos; adiviné la formación de nuestro planeta, las misteriosas incubaciones, los gérmenes ocultos de la vida; y un génesis profundo, sabio, inmortal, íntimo, supremo, llenó mi cerebro de luz y mi corazón de amor, haciéndome retroceder un millón de siglos, desvaneciéndome en el estremecimiento de una vida inmersa y bondadosa, hundiéndome en el océano de leche del Cosmos y obligándome a bendecir al Dios que arrojó el grano de arena al piélago marino, y el astro, otro grano de arena, al piélago infinito del vacío.



sábado, 22 de septiembre de 2012

Alejandro Rosales Lugo: pintor y poeta

Anoche participé en el IV Encuentro de Escritores "Letras en la Frontera" y conocí escritores y escritoras que dan ánimo a seguir con este "inútil" quehacer. El IV Encuentro de Escritores "Letras en la Frontera" (organizado por UNAM-USA y la Universidad de Texas) fue todo un éxito gracias al infatigable Alfredo Avalos, quien supo hacernos sentir en casa, literaria y literalmente hablando.

Comienzo a contarles de este evento y tertulia con una semblanza de un poeta y pintor polifacético. Entre varios escritores y escritoras de gran calidad, tuve el gusto de conocer al pintor y poeta Alejandro Rosales Lugo quien de nuevo dio otra muestra de los varios rostros creativos que puede tener una persona.
  
Para no reinventar lo dicho mejormente, a continuación reproduzco parte del artículo escrito por él mismo, donde describe este importante evento literario.
                                                                                                       León Leiva Gallardo
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Crónica Urbana
18 de septiembre, 2012 [8:04]
Alejandro Rosales / Letras en la Frontera
 
IV Encuentro de Escritores en San Antonio, Texas. Los días 20 y 21 de septiembre. La línea entre dos países es invisible si de literatura se trata.
 
Tangible a la literatura es el río que arrastra bravamente y a lo grande las tierras del pensamiento de dos países que se traducen en el espejo de las letras, de los poetas y narradores que se dan cita cada año en San Antonio, Texas en UNAM.USA, la extensión cultural más importante de UNAM.
 
El espacio de la nuestra Alma Mater se abre nuevamente en 600 Hemisfair Park para recibir a los escritores del Sur de los Estados Unidos y Norte de México, escritores que también llegan de California y Nuevo México en un circuito cada día más amplio de universidades de gran prestigio e instituciones hispanoamericanas que alientan este evento consolidado por su calidad y el acercamiento cultural hispano más importante del año en literatura.
 
Centro del evento es el homenaje a la poeta texana, Carmen Tafolla, originaria de San Antonio, que presentará su trabajo más reciente en el deleite de sus letras.
 
“Letras en la Frontera” es un esfuerzo de la Liga de Escritores de San Antonio, UNAM-USA y el Centro de Lenguas Extranjeras de la U. de Texas.
 
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Alejandro Rosales Lugo se mueve fácilmente entre la poesía, la pintura y la crónica, y es difícil decir si es como pintor que ha sido más reconocido en lo últimos años, porque su obra literaria es también muy importante. Este video a seguir es apenas una muestra de su obra que se está dando a conocer en ambos lados de la Frontera.


A modo de breve semblanza reproduzco también algunos textos del poemario Bodegón, una de sus más recientes publicaciones.


Mientras se abría la rosa

Cada mañana
no sabían los dioses
que en sus pétalos movían
el ardor del sexo
no sabían
los dioses que las rosas
pregaban al viento sus dolores
de saberse lejos de otras flores



Las hojas del árbol de la vida

Páginas no escritas
palabras detenidas
frustación en la portada de un poema inconcluso
no puedo competir con superhombres
soy un pirata    sin mar    sin cuchillo
             y de antifaz



He puesto mi palabra en el andamio
                a Homero de la Garza Tamez

Contribuyo una casa de palabras
de cal y arena al viento
cargar palabras pesa y pesa sostener
el cuento y la novela en las fragiles columnas de la poesía
somos obreros en dura carga y amasijo de letras
sin palabra de toque todo inicio es frágil
ignoramos por dónde vuela el viento
pero toda palabra tiene un arquitecto
que tiembla y goza en una casa nueva
    


Alejandro Rosales Lugo. Cd. Victoria, Tamaulipas, 1945. Realizó estudios de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y de artes en su tierra natal, posteriormente en la academia de Bellas Artes de Roma. Ha publicado cuatro libros de poemas: Bicicleta de Poesìa (1967) Mamaleòn (1978) El Paisaje del Cuerpo (1978) De Adàn a Cezanne pasando por Newton (2006) y Bodegón (2011); y un libro de crónicas:  Personajes de mi Ciudad: Locos, cuerdos y sabios (210)

 
Además de haber publicado ensayos sobre arte y poesia, Rosales Lugo está incluido en 6 antologías de poesía y dos de narrativa. En las que sobresale la antología de Poesía Erótica Mexicana de Jaramillo Levi, Editorial Domex y Antología de Poetas de la Frontera Norte de Roberto Vallarino, editada por el Programa Cultural de las Fronteras. Ha sido publicado en la Revista Punto de Partida de la UNAM, y es ganador del segundo lugar de cuento y tercero de poesia por la propia revista. La Universidad Veracruzana le otorgó mención en la Colección del Caballo Verde y publicó su poemario El Paisaje del Cuerpo en la revista La Palabra y el Hombre. Jesús Arellano le publicó en la Revista Letras de Ayer y Hoy. La revista Artes, Ideas, Letras de Lima, Perú, publica sus poemas. Ha sido traducido al italiano y al inglés en la revista La Vecchia Talpa de Italia y Mummy de San Francisco, California.

 
Maestro universitario de diseño gráfico e historia del arte, mantiene uno de los pocos talleres privados de arte y galería de Tamaulipas, en Ciudad Victoria.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Jaume Aragall: uno de los grandes tenores del mundo

 
Hay todo tipo de aficionado a la ópera, ya que este reino de la música y la voz se presta para todos los gustos. Hay obras que exigen más que otras. Por ejemplo, una obra como el Tannhäuser  de Wagner requiere de cierto rigor interpretativo y también apreciativo; en cambio L'elisir d'amore de Donizetti es más accessible, que incluso una persona nueva a la ópera puede apreciarla.  Como en todas las artes, el gusto se va afinando a medida en que uno se dedica a conocer más a fondo.

En lo que se refiere a los tenores, con los años me he dado cuenta de la gran omisión que se ha hecho de una de las grandes voces de todos los tiempos, debido justamente a la liviandad con que los medios como la televisión y el periodismo del espectáculo fomentan lo light. Un ejemplo claro fue el gran concierto de los "Tres Tenores” en 1990. Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras de pronto pasaron del gran teatro a la pantalla grande. Y personas desinformadas de la ópera, como lo era yo en aquellos tiempos, creímos que estábamos presenciando a los mejores del mundo. Sin duda Pavarotti estaba entre los grandes en ese tiempo; pero de ninguna manera Plácido ni Carreras. Solamente en España, estaba aún en buena forma Alfredo Kraus y no digamos Jaume Aragall, el tenor que para muchos conocedores de este exquisito arte ha sido una de las grandes voces operísticas de todos los tiempos. Pavarotti lo dijo repetidamente, “Jaume Aragall es el mejor de todos nosotros”, refiriéndose por supuesto a los tenores de la actualidad (en esos tiempos, los 80).
 
 
  Jaume Aragall Garriga
(Barcelona al barri de la Ribera, 6 de junio de 1939)

La primera vez que tuve la oportunidad de escuchar a Jaume Aragall fue gracias a la tecnología del VHS. La Biblioteca Pública de Chicago tenía una formidable colección de las grandes obras operísticas. Siendo yo un gran aficionado de Puccini, saqué a la Tosca y por primera vez hice el gran hallazgo. Era la maravillosa voz de Aragall, la voz guardada ya en los anaqueles, porque para entonces Pavarotti y Plácido se robaban el show, no la opera seria, sino el show. No exagero, me la pasé todo un fin de semana escuchando a Jaume Aragall en el papel de Cavarodossi y a  Eva Marton en el papel de Tosca. Invité a mi amigo bogotano Humberto Uribe, quien ya me había presentado a otros grandes como Corelli, Di Stefano, y el magnífico Jussi Bjoerlin; y le dije que le tenía una sorpresa. Pero antes un apartado, con Humberto Uribe justamente habíamos visto a Plácido Domingo, en el Lyric Opera de Chicago, y no nos impresionó mucho su rendición de Samson et Dalila de Camille Saint-Saëns. Siempre habíamos sido críticos del apoyo nasal de Domingo, aunque sí apreciábamos su actuación y su versatilidad; pero esa noche nos quedamos desilusionados. En fin, en una de esas noches de invierno helado de Chicago, nos reunimos para escuchar ópera como lo hacíamos casi toos los fines de semana. Tanto Humberto como yo quedamos muy convencidos de la calidad y la textura de la voz de Aragall. Además que la intensidad acatada de su presencia en el escenario le daba aún más emotividad a la interpretación. Se trataba de una grabación en VHS (como suele hacerse cuando se reunen los grandes intérpretes) de la ópera signatura de Puccini, en el Teatro di Verona en 1984. (El año cuando Humberto y yo lo vimos era quizá 1991.) Jamás habría yo de ver un mejor Cavarodossi (el personaje principal de Tosca). Jaume Aragall era la mejor voz de en esos tiempos, mejor aún que Pavarotti.
 
 
Jaume Aragall está por cumplir los 73 años. Este gran tenor catalán nos sigue deleitando con su estupenda voz.
 
 
 
Pulsar en la flecha de los videos a continuación:
 
 
      "Recondita Armonia", Tosca de Puccini
 
 
  "Che gelida manina", La Boheme de Puccini
 
 
 
 
"Por el humo.." de la zarzuela Doña Francisquita
 

sábado, 15 de septiembre de 2012

Documental cubano sobre Francisco Morazán

Morazán: un homenaje

(viernes, 14 de septiembre de 2012)


Morazán: la posteridad nos hará justicia (2011) forma parte de la serie documental Próceres de América producida por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica de Cuba y la cadena de televisión Telesur sobre las personalidades más destacadas de las gestas libertarias con motivo de la conmemoración de los Bicentenarios de la Independencia Latinoamericana.

A partir de entrevistas, escenas de ficción, información gráfica de archivo, mapas y dibujos, muestra a un público heterogéneo las raíces independentistas de nuestros pueblos desde la perspectiva de los investigadores que en cada país han estudiado a fondo la vida y obra de los héroes.

En la producción del material trabajó un equipo creativo integrado por experimentados especialistas de diferentes disciplinas técnico-artísticas, quienes de forma exhaustiva documentaron el contenido y ambientaron las escenas de ficción bajo la dirección general del cineasta y periodista Rolando Almirante.

Este capítulo fue dirigido por el realizador cubano Sebastián Miló (Pinar del Río, 1979), tiene una duración de 45 minutos y muestra la corta e intensa vida política y militar de Francisco Morazán, padre de la independencia centroamericana, quien fuera promotor del último gran intento de construir una república federada que acogiera y unificara a todos los pueblos y naciones del istmo.

El filme centra la atención de los expectadores en el legado unionista de Morazán, imprescindible no solo para la integración regional, sino para el triunfo de los pueblos y las fuerzas progresistas sobre los factores conservadores y divisionistas al interior de las sociedades.

Vea el trailer en el siguiente enlace: http://www.youtube.com/user/cine77elsalvador?feature=results_main

Saludos,

Dra. C. Magda Luisa Arias Rivera
Segunda Secretaria
Encargada de los Asuntos Consulares, Comerciales y Culturales

Publicado por Fabricio Estrada en 08:06

viernes, 31 de agosto de 2012

Entrevista a José Mármol, poeta dominicano

   


Jochy Herrera entrevista al poeta dominicano José Mármol (1960), figura central de la poesía dominicana contemporánea, ganador del XII Premio Casa de América de Poesía Americana de España.
 

José Mármol, XII Premio Casa de América de Poesía Americana
 
España galardona al dominicano con Lenguaje del mar, una atrevida fiesta nerudiana donde mar es la gran metáfora: hogar de la belleza, la ensoñación, la furia, la injusticia, el poder, y por supuesto, frontera última de la insularidad. En los poemas de este volumen los sentidos, y no sólo el pensar, protagonizan el texto; giro paradigmático de un autor florecido entre lo que el canon catalogó como “la poética del pensar”. Ejercicio donde la ética de la palabra sobreseía, y, por ende, redefinía, un impuesto propósito del poema. Mármol reconoce en los hermosísimos versos de este título que de no recurrir a la estética, negaría el clímax implícito y logrado por ambas: la libertad de la creación literaria, verdadero territorio que las define. Poeta y ensayista, autor de 25 libros, ganador de numerosos premios nacionales e internacionales, él es, sobre todo, el pensador que medita y responde, anticipando el diáfano poder de las palabras hechas poesía.

—Dijiste, en referencia a la naturaleza de la relación lenguaje-sociedad-historia en la literatura hispanoamericana, que existía un desfasamiento entre los escritores y la realidad. ¿Cómo ves hoy tal separación?
 
—La literatura, en cuanto que fenómeno esencialmente producto de la articulación de una lengua-cultura, en un determinado momento, estará acicateada por las tensiones de articulación o desfase respecto de la pertinencia intrahistórica del hecho lingüístico y literario per se. Una determinada postura estética, concepción discursiva, empírica, translingüística o filosófica de la literatura, un poema, novela, cuento, drama o un ensayo, no pueden colocarse fuera de la historia, sin embargo, su misión será siempre la de trascender los límites gnoseológicos, políticos, ideológicos, individuales y sociales de la coyuntura que le ha visto nacer, pero siempre, a través del lenguaje, que es, como sugería Barthes, la problemática fundamental de la literatura.
 
Tras el derrumbamiento de los totalitarismos en los años 80, estos acontecimientos dieron lugar a un nuevo sujeto, a nuevos escenarios de la sociedad, a un nuevo lenguaje, y por tanto, a nuevas expresiones del arte, la literatura y la cultura que, bajo ningún pretexto, podían ser sometidos, porque no los resistirían, a los esquemas de análisis o facturación del texto creativo que tuvo lugar en décadas precedentes. El desfasamiento estribaba en que, a aquellos viejos moldes, las transformaciones se les fueron por delante. Hoy vemos la vitalidad de una literatura y arte latinoamericanos más a tono con el resto del mundo. La globalización del comercio y la planetarización de la cultura tienen un peso específico relevante en lo que se piensa, se escribe y se consume culturalmente. Lo importante, lo trascendente será, dejar una huella con acento propio en ese concierto universal.


—¿Qué es el mar?
 
—“El mar es una cosa que nunca tuvo nombre/ objeto que yo invento/ el mar son mis dos ojos” escribí en mi primer poemario, El ojo del arúspice. Martí lo redujo a unas palabras: “Muerto enorme”. Leopoldo Lugones lo retrata como algo “lleno de urgencias masculinas”. Octavio Paz, por su lado, además de descubrirle su “torso perezoso y lento”, lo encierra en un símbolo bellísimo: “el mar que muere y nace en un reflejo”. El dominicano Enrique Eusebio acertó una vez al dibujar sus olas con palabras como “ágiles palomas que nunca atinan al vuelo”, y así, tantas impresiones y definiciones desde Homero, Manuel Rueda y Paul Valéry, que convirtió esas aguas en insondable metáfora de un cementerio.
 
En mi condición de isleño, el mar adquiere una dimensión ontológica, y no sólo circunstancial o meramente cultural, que configura mi cosmología y cosmogonía particulares, órdenes que se instalan allí, en la palabra, en el poema. Además de poderosísima fuerza natural, inmenso espacio de biodiversidad, fuente de riqueza social y bellísimo paisaje, el mar es una inconmensurable metáfora de la vida y del mundo.

—Hace tres lustros dedicaste un volumen a la ética del poeta y la poética del pensar. ¿Cuál es su esencia hoy?
 
—A pesar de los avances del pensamiento y de la ciencia, que han dado lugar a la bioética y al descubrimiento del bosón de Higgs, que supone la explicación del Universo y, para otros, la anulación de Dios por efecto de una partícula, a mi modo de ver la ética del poeta sigue siendo la misma o exigiendo lo mismo: ética de la forma; es decir, del lenguaje como materia prima y razón de ser de la obra literaria. Forma que, al temprano y buen decir de Paz, es fondo. Se trata de la ética de la creación a partir del lenguaje como entidad simbólica, empresa que, sin estar fuera de la historia, sin dejar de lado los fenómenos ideológicos, políticos y sociales, no se reduce a ellos; sino que los trasciende como expresión de libertad del que enuncia una lengua. La forma, decía en Ética del poeta (1997), es la voz del pensamiento, y la ética es un estado de conciencia. Este dictado no desaparece, como la materia, sólo se transforma.

—Javier Sicilia declaró la muerte de la poesía en su ser, Raúl Zurita, ese otro chileno sin par, tras publicar 800 páginas de poesía en Zurita (Ediciones UDP, 2011) afirmó que “gran parte de lo que entendemos por poesía refleja lo que llamamos experiencia interior, donde están solamente los ecos, pero no el sonido”. ¿Qué es poesía? ¿Qué hace a un poeta?
 
—La poesía es la más alta expresión estética de la lengua, en cuanto que significante mayor, en una cultura, en una sociedad y en un tiempo determinado. A partir de ahí podrías concebirla como el caracol nocturno en un rectángulo de agua, de Lezama Lima; la enfermedad contagiosa, peligrosa e incurable de Cervantes; o bien, un arma cargada de futuro, como la sintió Gabriel Celaya. Poesía es, en definitiva, poder simbólico del lenguaje. ¿Qué hace a un poeta? Reconocerse, ética y estilísticamente, como un animal simbólico; instrumento de la magia del lenguaje; un hacedor, en términos borgeanos, de pequeños mundos a través de la madeja rizomática en que se tejen el pensamiento y el sentimiento, en la materia del lenguaje. No muere la poesía. Fallecen, eso sí, o pierden vigencia ciertas concepciones, sobre todo las panfletarias y dogmáticas, de la poesía.

—En cuanto a la libertad de la creación literaria, territorio que en tu caso hace frontera con el ensayo, la prosa y el poema, ¿cómo logras batallar esos menesteres impuestos por la formalidad del canon?
 
—El pensamiento, las emociones y la palabra son una entidad granítica. Las ideas, las emociones no son suficientes para la facturación del poema, reclamaba Mallarmé con acierto. ¿Por qué? Porque el poema es, fundamentalmente, una entidad de palabras. Heráclito y Parménides expresaron la inmensidad de sus filosofías a través de dos poemas. Homero escribió en versos la gran proeza de la historia antigua. Mario Benedetti escribió El cumpleaños de Juan Ángel, una novela, en versos. Octavio Paz escribió un ensayo insuperable, El arco y la lira, que puede ser leído como un poema en prosa. Cito sólo algunos ejemplos en los que esa frontera a la que aludes se ha evaporado, se ha diluido; no existe. La retórica o la teoría del discurso fijan esas fronteras que algunos especialistas, Foucault o Barthes, por ejemplo, han llamado formaciones discursivas. Mi apuesta ha sido, más de una vez, la de trascender, en la práctica escritural, esas fronteras; superar esos obstáculos; lograr, simplemente, el sueño de Bataille: la superación verbal del mundo.

—¿Dónde anda el amor en estos días tristes de amor y guerra?
 
—El amor, como el odio, anda siempre por sus fueros. Están ahí, a un golpe de ojos; o bien, a un golpe de dados, del azar. Los tiempos de Brecht no han pasado, aquellos en los que “cantarle a un árbol es casi un crimen/ porque implica el silencio de tantas fechorías”. Están ahí, en las crónicas terrestres (y no marcianas) de los diarios que cuentan el dolor de las masacres en Siria o en Birmania; en el rostro perplejo de un niño hambriento, abandonado a su desdicha en África, Afganistán, la India, mi propio país o Haití; el odio y el amor están ahí, en el carácter de Matteo, el personaje solitario, central, de la novela de Susanna Tamaro, Para siempre; en la tierna muchacha Erzsébet, que por amor a su padre, le busca un refugio y venció el monstruo de la segunda gran guerra, en la novela Liberación de Sándor Márai; en el personaje de Javier Bardem, en Biutiful, donde el drama de la migración, mal del siglo XXI, se vive con ilusión y dolor; el amor y el odio están allí, en el sitio y la hora de la ira, como gritó acerca de la esperanza, en su Habanera, el poeta Ángel González; en el ontológico poema Paisaje con un merengue al fondo, del inmenso dominicano Franklin Mieses Burgos, porque “un hondo río de llanto tendrá que correr siempre/ para que no se extinga la sonrisa del mundo”. El amor, entonces, ese quebranto, el que habría de llegar aunque nunca se esperaba, ese, el que nos salva y nos hunde está ahí, en el sitio y el momento de la escritura y la vida.

—En aquél temprano poema Estación de invierno (1994) tu corazón latía al compás del pesar: Afuera, sin embargo, es noche honda y muerte, y mi estación no existe, y el tren no se detiene en su viaje al invierno. Casi veinte años después, en Lenguaje del mar apareces rendido frente al vuelo del mar: (…) el inmenso irrepetible, el mar alzado en vuelo lentitud del lastimado, alas que no pueden los azules levantar. ¿Cómo explicas que en ambos textos se revelen el dentro, los tormentos de nuestra interioridad, y la otredad, la paz que representa la entrega y el viaje de la vida?
 
—No sé si encuentre mejores palabras para contestar que las que has empleado para preguntar. En medio de tantos avatares, lo que nos mantiene vivos es, únicamente, ese aliento recobrado, ese suspiro que te ofrece la dimensión del poema, igual que al Sísifo del mítico Camus, que sólo se siente vivo cuando, castigado por Zeus, coloca la piedra en la cima y, al soltarla y empezar esta a descender de nuevo, para tener luego que volver a subirla, mira, desde la cúspide, hacia todo el entorno y se maravilla con el paisaje que contempla.
 
Somos, al fin y al cabo, esa combinación de tristeza y dulzura, que Vallejo encerró en una palabra mágica, Trilce, con la que cubrió los poemas más humanos que podamos leer en nuestra lengua. La otredad, ese destino, está en nuestro propio y único ser, el que padece y goza, el que vive y muere. Yo soy Sísifo, la montaña es la vida, la piedra el pensamiento y el mar, ese mar, es el paisaje que contemplo, que me habla y pone alas.

—Sin presagios, espera ni asomo, sin después ni quizás, ¿dónde está esa hermosa muchacha que cabalgaba tus latidos poniendo atardeceres en tu sangre?
 
—Esa muchacha es la poesía misma. Habita en el misterio del lenguaje. Ella monta, cristalina, la bestia de mis latidos y sigue, día tras día, asombrándome, haciéndome vibrar con imperecedera e innombrable hermosura.



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Jochy Herrera Escritor dominicano, autor de Extrasístoles: y otros accidentes (Vocesueltas, 2009), Seducir los sentidos (Mediaisla, 2010), y otras obras.  Miembro del consejo editorial y la mesa directiva de Revista Contratiempo (Chicago), una de las publicaciones culturales en español más importantes de los Estados Unidos.

El pordiosero y el dios (cuento de León Leiva Gallardo)

  ¿Qué buscan los viajeros del mundo? Acaso son dioses venidos a menos, convertidos, disfrazados de príncipes o de pordioseros? Se dice que,...