sábado, 3 de julio de 2021

Amapala: De Puerto Libre a ZEDE

 

                                                                                                Puerto de Amapala (circa 1905)

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En la calle de la Santa Cruz en el barrio El Centro de Amapala, donde jugaba cuando niño, siempre vi dos vehículos estacionados: el Jeep de mi padre, Armando Leiva Streber, y el Kübelwagen de Don José María Thomé. Ambos "viejos" eran respectivamente descendientes de familias alemana y suizo-francesa, que llegaron a Amapala a finales del siglo XIX. En esos años, a finales de los 60, ni me imaginaba los derroteros de la historia y la razón por la cual dos pertrechos vehículos de la Segunda Guerra Mundial estaban estacionados en la calle donde vivía. Poco advertía que la decadencia de Amapala había comenzado con la Segunda Guerra Mundial. 

Sucedía que los hábitos de consumo de la clase media de Amapala estaban dictados por fuerzas económicas foráneas que también incidían en la cultura y hasta en la idiosincrasia. Las familias que vivían o tenían propiedades en la pequeña calle de La Santa Cruz, los suizos-franceses del último vestigio del antiguo emporio portuario (la Casa Uhler), los Lavergne, los Leiva-Barbieri, los Agasse, los Thomé, los Abarca, los Streber, todas estas familias estuvieron vinculadas a las grandes casas comerciales que dominaron la economía del sur de Honduras: la Casa Rossner, la Casa Kohncke y la Casa Sierke (en Choluteca). Estas casas comerciales en una suerte de oligopolio alemán manejaban el comercio (importación-exportación), transporte, industria maderera, minería, agricultura y ganadería en el sur de Honduras.

Mi primer encontrón con la historia como fuerza viva fue cuando soldados del ejército llegaron a pedirle, a exigirle, el Jeep a mi padre, para patrullar la isla durante la Guerra de las Cien Horas con El Salvador, en un Julio de 1969. Curiosamente, nunca más vi el Jeep de mi padre y tampoco el Kübelwagen de don Chema Thomé. Y todo pasó a la fugacidad de la memoria porque luego apareció una Willis nueva estacionada frente a mi casa. La Willis (Chevrolet) era símbolo palpable del nuevo orden económico impuesto por Estados Unidos a sus neo-colonias. Por otra parte, la "desaparición" del Jeep debió haber sido un indicio o una advertencia de los abusos del Estado. En aquellos tiempos de dictaduras militares, los civiles eran, de hecho, silenciados. 


                                        La Casa Uhler ubicada entre calles La Marina y La Santa Cruz)



Amapala es uno de los municipios más jóvenes del sur de Honduras, apenas fundado en 1833, y cuyos pobladores en su mayoría llegaron de otras partes de la región (Honduras, El Salvador y Nicaragua) y del extranjero: Italia, Alemania, Francia, Suiza, España. El fundador del municipio fue el Italiano Carlos Dardano (por concesión del presidente Ferrera). En un informe de 1838 expedido por los ingleses que pretendían apoderarse no sólo del Sur sino de todo Honduras, la isla no estaba muy poblada y los pocos habitantes eran indígenas asimilados a la cultura mestiza, quienes se dedicaban a la pesca más que a la agricultura. De manera que no existía Amapala y no había infraestructura alguna, más que las chocitas de los pocos pescadores y campesinos. Se tiene por explicación que los pobladores lencas abandonaron la isla, huyendo de los piratas (entre ellos Drake) y que por eso la isla quedó despoblada. Otra razón pudo haber sido la erupción del volcán Cosigüina, considerada una de las más grandes del mundo, y que impactó toda la zona del golfo. Se puede aducir entonces, que el crecimiento demográfico en la isla se debió a los migrantes nacionales, regionales y extranjeros que llegaron con el auge del puerto, cual ya para 1875 comenzaba a ser el más importante del sur de Honduras. 

     Cónsules europeos en Amapala (circa 1910)

Con los años, Amapala se fue convirtiendo en uno de los puertos más importantes del sur. Como todo puerto, fue lugar de influjo de cientos de campesinos, pescadores, obreros, artesanos y, lo más importante para la economía portuaria: estibadores y lancheros. Sin los lancheros y "mecapaleros" como se les llamaba comúnmente a los trabajadores que a diario cargaban y descargaban los barcos, el puerto no habría funcionado porque la mercadería se transporta en lanchas o lanchones. 



El influjo de extranjeros de clase media y clase empresarial tanto de Europa como de la región centroamericana, fue sin duda "la maquinaria" para que el puerto funcionara internacionalmente. Profesionales de todas partes prestaban sus servicios en la distintas casas aduaneras y casas comerciales. El dominio económico de los alemanes, italianos y suizo-franceses, a principios de siglo, resultó en una clase exclusiva de apoderados, asistidos por una clase media compuesta por profesionales de todas las disciplinas y una clase obrera y artesanal. Las diferencias de clase eran tajantes. Las condiciones de poder de los empresarios (sin mucha ostentación) era exclusivista. Por más trabajo que hubiera para la mayoría de los obreros y artesanos, los salarios eran patéticos y las condiciones de vida eran de pobreza absoluta. Esto era inconcebible en un país desarrollado como Alemania o Suiza; pero un país en vías de desarrollo, apenas salido del quasi feudalismo de los hacendados, se presentaba como la norma. Aunque había educación gratuita, la mayoría no continuaba después del sexto grado de primaria. En cambio, los jóvenes de la clase empresarial viajaban a estudiar a Europa y los de la clase media, en Tegucigalpa, San Salvador, o León (Nicaragua).

                 Casas comerciales y aduana                        

Para finales de los años 60 cuando yo jugaba futbol en la calle de la Santa Cruz, el gran auge había desvanecido como una era romántica de ilusos enamorados. Muchos de los "viejos" se quedaron con las costumbres de poder, pero en forma de  nostalgia. Ahora que recuerdo el Jeep de mi padre y el Kübelwagen de Don Chema Tomé, me pongo a pensar lo bella que fue ni niñez, pero porque viví los últimos buenos aires del puerto. Como niño de la clase media tenía de todo y no merodeaba en mí preocupación alguna.



Mas cuando regresé a Honduras en 1978, luego de estar estudiando en Chicago, me encontré con un puerto fantasma. En las instalaciones portuarias vueltas barracas entonces nos acosaban los navales. La clase empresarial y la clase media había desaparecido. Los navales se habían tomado el puerto. Establecieron su propia policía naval e intimidaban a la población con simulacros de toques de queda y ejercicios de guerra. No hay duda. Clausurar el puerto de Amapala fue la idiotez más grande cometida por un gobierno: era como reducir las fronteras marítimas del país y mucho más impactante, privarles de sustento a cientos de trabajadores. 

La decisión no fue basada en previsiones económicas, sino en intereses particulares. El ingeniado puerto de Henecán se convertiría en un drenaje de lodo que sangraría el erario del pueblo para mantenerlo a flote. Políticos apátridas de móviles personales favorecieron las ambiciones de empresarios nacionales cegados por la avaricia y de esa manera descartaron el potencial de una bahía natural, idónea para un puerto moderno, cuyas características eran similares a la bahía de San Francisco, según lo observó William V. Wells en su libro Exploraciones y aventuras en Honduras (1857). 

Desde el establecimiento del puerto libre en 1846 hasta la fatídica clausura del mismo en 1978, los gobiernos de Honduras no vieron por los intereses ni siquiera nacionales y mucho menos por las nacesidades de la población amapalina. La iniciativa capitalista de modernización, a mediados del siglo XIX fue desaprovechada y la mentalidad concesionaria continuó hasta que la Segunda Guerra Mundial y la prevaricada infiltración nazi, sirviera de pretexto para que el dictador Carías Andino confiscara los bienes de los alemanes. Dichos bienes fueron aprovechados por particulares o subastados a otros empresarios apátridas, entre cuales figuran ciertos nombres árabes. 

De manera que las empresas de inversión extranjera del país siempre han sido saqueadas por la clase más abyecta de la población: la clase política. De ninguna manera pretendo volver exentos de culpa a los empresarios nacionales; sabemos que son tan depredadores como los extranjeros y que hacen pactos de sangre con los políticos más corruptos. La premisa es que detrás de toda inversión ya sea nacional o extranjera, siempre está la mano latrocina del político. Sé que peco de obviedad, mas se debe reiterar que nuestro subdesarrollo no es del todo culpa de políticas colonizadoras del Imperio; también es el resultado de la  avaricia y la bajeza de empresarios y políticos nacionales. Sépase que donde se maquina desmedido desarrollo capitalista, siempre perece el desarrollo humano. Ni el liberalismo del siglo XIX ni el neoliberalismo del siglo XXI han tenido como objetivo el bienestar de la población más necesitada.

En el año 2033 Amapala cumple 200 años de existencia como entidad municipal y las condiciones de pobreza absoluta en la isla ahora se ocultan tras fachadas repelladas y pintadas para dar el aspecto de bienestar. Las carencias de adecuada alimentación, vivienda, servicios de salud, servicios públicos (agua potable y electricidad), y educación son alarmantes. Las calamitosas condiciones de subsistencia y la total negligencia para con los niños, niñas, y jóvenes pobres en particular, abisman a una población ya al borde de la descomposición social. 

      Invasión en los escombros del Casino
Lo irónico es, y aunque sea obvio lo reitero, lo doloroso es que todo aquel aparente bienestar general de Amapala fue una suerte de incursión de apoderamiento por fuerzas económicas extranjeras que en ningún momento se les cruzó por la mente ver por el bien de los pobres de antaño tampoco. Y ¿por qué lo habrían de hacer?, si esa no ha ido la naturaleza ni el fin de los inversionistas. Se vendió antes y se volverá a vender el territorio nacional a cambio de una "promesa" de desarrollo capitalista. Patético es también que lo que en antaño fue auge y una esperanza de vida, ahora es una fatua nostalgia que sólo perdura en las generaciones que vimos las últimas luces del puerto. No nos dejemos llevar de nuevo por una ilusión.

Fatídica, la historia es un torbellino que sacude siempre a los más débiles. De nuevo deviene otra ola de promesas inversionistas extranjeras, denominadas ZEDE (zonas de empleo y desarrollo económico). Como historia de la infamia o infamia de la historia, Amapala, aquel idóneo puerto libre, cual podría considerarse el primer experimento de ciudad modelo: resultó ser un fracaso nacional, pero debido la injerencia misma de los políticos en cuestiones de desarrollo económico (léase latrocinio). Se debe tener en cuenta que los inversionistas europeos del siglo pasado, aunque sí recibieron concesiones, no recibieron completa libertad y mucho menos en cuestiones de gobernabilidad. A finales del XIX, la administración de Marco Aurelio Soto, unos de los gobiernos salvables del país, guardó cierto respeto por la soberanía territorial. Lo mismo no se puede decir del actual gobierno como lo demuestra el capitalismo brutal al que pretenden ceder el país.

Según un reciente informe de NACLA*,  tanto los actuales habitantes como los futuros "residentes" en estas zonas quedarán al arbitrio de un gobierno privado. Por lo tanto: "El despojo de tierras es una preocupación fundamental de las comunidades. La ley ZEDE le otorga al Estado hondureño la facultad de expropiar tierra para el desarrollo o la expansión de cada zona, lo que debe ser compensado, pero no puede ser impugnado por las y los poseedores." Además que, según el mismo informe: "A pesar de una retórica de libertad y elección, es probable que la residencia en ZEDE esté restringida, incluso entre ciudadanas y ciudadanos hondureños." De manera que es muy probable que los habitantes pobres de estas zonas sean desplazados ya sea por expropiación como por requisitos arbitrarios de residencia.

Un artículo que nos informa con detalles las irregularidades de la ley de ZEDE fue escrito por el periodista Carlos Dada y publicado por la revista EL Faro de El Salvador**. En esta nueva incursión del siglo XXI, son los miembros exclusivos de una verdadera organización criminal quienes han maquinado y orquestado la implementación de las ZEDEs en Honduras. Amapala está en la lista. Ojalá la historia no nos arrase como un vendaval inmundo, que nuestros pobladores empobrecidos no sean desterrados como los garífunas de sus morenales. A veces me pongo a soñar que, de pronto, con una economía centrada más en los servicios que en la industria o la portuaria, de pronto, los amapalinos y las amapalinas logren una vida mejor. Pero el vendaval Historia-Realidad me despierta de todos esos delirios. 

AMAPALA DICE: NO A LAS ZEDES!


                                            (León Leiva Gallardo)

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* Informe publicado por NACLA, North American Congress on Latin America (Congreso Norteamericano sobre asuntos latinoamericanos): "Avanza un gobierno privado en Honduras" (La Carta de la Primera Zona de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE) de Honduras revela los peligros del nuevo modelo de enclave para la soberanía popular. Sitio Web: https://nacla.org/honduras-zede-gobierno-privado)

** "Honduras y su experimento libertario en el golfo de Fonseca", Carlos Dada. El Faro: https://elfaro.net/es/201704/centroamerica/20283/Honduras-y-su-experimento-libertario-en-el-golfo-de-Fonseca.htm


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